Voluntariado con refugiados: cinco consejos

El voluntariado en el contexto de la ayuda humanitaria internacional es una experiencia única e irrepetible, capaz de cambiar nuestra forma de percibir a las personas y nuestra visión de la vida. Sin embargo, es difícil encontrar los recursos y el tiempo para ello.  

Son muchas las personas que se acercan a GAiN preguntando por voluntariado, así que se me ha ocurrido exponer algunos aspectos que he tenido que desaprender por experiencia propia acerca del voluntariado internacional.

Si deseas hacer voluntariado internacional, permíteme darte cinco consejos…

1 | Elige sabiamente el tiempo que puedes ir

A no ser que seas una persona famosa para que las ONG te creen un viaje a medida y les des visibilidad, lo cierto es que traer voluntarios sin experiencia al campo de la ayuda humanitaria sale poco rentable y ralentiza los proyectos. Por eso no es fácil encontrar oportunidades a corto plazo. Lo normal es que las oportunidades que se ofrecen sean de medio año para arriba y en posiciones específicas, aunque…

Hay excepciones. Por ejemplo, nuestro colaborador local en el campo de refugiados de Lesbos funciona con un sistema de rotación de equipos muy bien engrasado, por lo que podemos enviar equipos de incluso una semana ya que es llegar y meterse de lleno en las importantes labores de campo. Además, en nuestro corazón está involucrar a las personas en todas las partes del proceso posibles, con el tiempo del que se disponga, sea más o menos.

Aun así, nuestro consejo es: si puedes, ve el máximo tiempo posible. Será mejor para ti y para quienes te reciben.

2 | si vas poco tiempo, céntrate en las personas

No te engañes, si vas a estar apenas unas semanas, es mayor la huella que puedes dejar en el trato directo con las personas y familias refugiadas que en las cosas que puedas dejar hechas. Es probable que lo que hayas dejado hecho se vuelva a deshacer. Así es el contexto de la ayuda humanitaria: cambiante. Sin embargo, los gestos de amor, aprecio y preocupación hacia las personas que te encuentres pueden permanecer para siempre.

3 | huye del complejo de “salvador blanco”

Si hay familias que no encuentran esperanza o las condiciones en las que se ven las personas en los campos de refugiados son pésimas, no es porque no sepan hacerlo como nosotros, los blancos occidentales, lo haríamos. Es por un sinfín de factores complejos y entrelazados que se escapan de sus manos (y de las de cualquiera). Es más, seguramente ellos hayan llegado más lejos de lo que habríamos llegado nosotros en su situación.

Puede que tengas dos títulos de grado, dos másteres y un doctorado, pero los que realmente saben de la vida son ellos. Sus historias y experiencias darían para toda una saga de libros y películas.

Así que quita de tu mente idealizaciones, prejuicios y estereotipos… No te pongas ninguna expectativa. Ve y aprende desde cero. Y recuerda que todos somos iguales, personas rotas en proceso de restauración. Quizá tú les ayudes en ese proceso de la misma manera que ellos te pueden ayudar a ti.

4 | recuerda, ellos son los actores principales

Es fácil llegar al lugar y empezar a hacer cosas mientras las personas a tu alrededor miran y te dan las gracias. Pero de lo que se trata es de estar codo con codo con ellos, participando de sus vidas sin robarles el protagonismo. Al igual que nosotros, las personas y familias refugiadas necesitan sentirse actores principales de sus progresos.

Si la organización con la que trabajas te permite involucrarlos en las labores de campo, involúcralos. Si esto no es posible por motivos de seguridad o de incompatibilidad, hazles sentirse parte igualmente. Pídeles su opinión, cómo lo harían ellos, por qué… No les prometas nada, pero que sientan que su opinión es tenida en cuenta y son escuchados. Solo con eso les estás recordando algo que quizá se les había olvidado: que son personas con la misma dignidad y derechos que tú y que yo. Y eso es primordial para la situación en la que están.

5 | involúcrate antes de viajar

Suele ocurrir que entre el momento en que se te ocurre la idea y el momento en que la materializas, pueden pasar uno o varios años. Pero no permitas que eso te desanime, la experiencia puede (y debería) comenzar desde casa.

Mira pelis, documentales, escucha podcasts, lee libros, reportajes, etc. Infórmate sobre las personas con las que te vas a encontrar, sobre el lugar al que vas, sobre la complejidad de la situación. Interésate por aquellos a tu alrededor que vengan de contextos similares o hayan vivido experiencias parecidas.

Por último, implícate de manera práctica. Por ejemplo, si vas a viajar con nosotros a un campo de refugiados, puede ser una buena idea que antes participes en una de nuestras campañas de recogida, o que incluso propongas y coordines un nuevo punto de recogida. También sería una buena idea que te plantees hacer un donativo económico para la iniciativa de refugiados y migrantes en la que te quieres involucrar. Todo esto hará que seas mucho más consciente de la necesidad y vayas mucho más preparada/o cuando llegue el momento.

¿Qué más formas prácticas de implicarte antes de emprender el viaje se te ocurren? ¿Qué opinas del complejo del “salvador blanco”? ¿Lo habías escuchado antes? ¿Se te ocurren ejemplos? Cuéntame en los comentarios y lo hablamos 😉

Cuídense de no hacer sus obras de justicia delante de la gente para llamar la atención.

Mateo 6:1 (NVI)

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